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¡ERA LA MAMÁ! - JOAQUÍN GALLEGOS LARA

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¡ERA LA MAMÁ!  JOAQUÍN GALLEGOS LARA  No supo cuántas cuadras había corrido. A pie. Metiéndose en los brusqueros. Dejando tiras de  carne en los grises y mortales zapanes de las alambradas.  —¡Pára, negro maldecido!  —Dale vos la vuerta por áhi.  —Ha sido ni venao er moreno.  Jadeaba y sudaba frío. Oía tras él los pasos. Y el casco bronco del caballo del capitán retumbaba  en el muelle piso del potrero.  —Aquí sí que...  El viento se llevaba las palabras. Al final del potrero había una mancha de arbolillos. Podría  esconderse. ¡Aunque eran tan ralas las chilcas y tan sin hojas los guarumos!  —Ris... Ris...  En las orejas se le reían los balazos. Y el golpe de la detonación de los “mánglicher” le llegaba al  pecho: porque eran rurales.  Más allá de los árboles sonaba el río. Gritaban unos patillos.  —Er que juye vive...  ¿Se estaban burlando de él?  —En los alambres me cogen...  El puyón del vi...

EL CHOLO QUE SE VENGÓ - DEMETRIO AGUILERA MALTA

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El Cholo que se Vengó Demetrio Aguilera Malta -Tei amao como naide ¿sabes vos? Por ti mci hecho marinero y hei viajao por otras tierras... Por ti hei estao a punto a ser criminal y hasta hei abandonao a mi pobre vieja: por ti que me habís cngañao y te habís burlao e mi... Pero mei vengao: todo lo que te pasó ya lo sabía yo dende antes. ¡Por eso te dejé ir con ese borracho que hoi te alimenta con golpes a vos y a tus hijos! La playa se cubría de espuma. Allí el mar azotaba con furor, y las olas enormes caían, como peces multicolores sobre las piedras. Andrea lo escuchaba en silencio. -Si hubiera sío otro... ¡Ah!... Lo hubiera desafiao ar machete a Andrés y lo hubiera matao... Pero no. Er no tenía la curpa. La única curpable eras vos que me habías engañao. Y tú eras la única que debía sufrir así como hei sufrió yo... Una ola como raya inmensa y transparente cayó a sus pies interrumpiéndole. El mar lanzaba gritos ensordesedores. Para oír a Melquíades ella había tenido que acercársele much...

EL MALO - ENRIQUE GIL GILBERT

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EL MALO Enrique Gil Gilbert Duérmase niñito, duérmase por Dios; duérmase niñito que allí viene el cuco, ¡ahahá! ¡ahahá! Y Leopoldo elevaba su destemplada voz meciéndose a todo vuelo en la hamaca, tratando de arrullar a su hermanito menor. —¡Er moro! Así lo llamaban porque hasta muy crecido había estado sin recibir las aguas bautismales. —¡Er moro! ¡Jesú, qué malo ha de ser! —¿Y nuá venío tuabía la mala pájara a gritajle? —Iz que cuando uno es moro la mala pájara pare... —No: le saca los ojitos ar moro. San José y la virgen fueron a Belén a adorar al niño y a Jesús también. María lavaba, San José tendía los ricos pañales que el niño tenía, ¡ahahá! ¡ahahá! Y seguía meciendo. El cuerpo medio torcido, más elevada una pierna que otra, sólo la más prolongada servía de palanca mecedora. En los labios un pedazo de res: el “rompe camisa”. Más sucio y andrajoso que un mendigo, hacía exclamar a su madre: —¡Si ya nuai vida con este demonio! ¡Vea: si nuace un ratito que lo hei bestío y ya anda como...